Nos pusimos en camino disfrutando de
todo lo que encontrábamos a nuestro paso. Si hacía sol, buscábamos
inconscientemente la sombra y el agua. Si por el contrario llovía,
disfrutábamos del azar de su caída. Observábamos cientos de veces
como las gotas de agua se estrellaban contra la tierra intentando
escuchar sus imperceptibles sonidos. Íbamos tomando contacto con el
medio que nos rodeaba.
Decidimos abandonar nuestro egoísmo
moral y avanzar por un sueño sin meta final. Fortalecimos nuestro
pacto demostrando que no estaba escrito bajo una la ley burócrata,
si no que se basaba en un guión escrito con amor. Al amor hacia todo
lo que nos rodeaba, al amor hacia las huellas que dejábamos y a la
vez perdíamos a nuestro paso. Al amor de la soledad de la noche y a
la luz que se interponía entre nosotros, a la vida.
Sobre nuestros cuerpos el tiempo no
tenía cabida, no existía pasado ni futuro solo presente o pretérito
imperfecto, indiscutiblemente amamos y amábamos eramos aliados
formando parte de un todo, dejando nuestra piel a expensas de la
nada.
Sombras... sombras... sombras danzando
a nuestro alrededor al compás de un requiem, obscureciendo nuestra
claridad, incapaces de detenerse por unos segundos sobre su analogía
física, pereciendo en el silencio.
En el silencio comprendido entre
palabras, en el silencio del sol y de sus rayos, en el silencio de
las montañas y de sus árboles, en el silencio de las nubes, nuestro
propio silencio.
Despertábamos y nuestro sueño
reflejaba en el espejo de la realidad nuestro viaje.
Vivido durante el día e imaginado
durante la noche.

Nos ven.
ResponderEliminarPero no sé si nos miran.
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